Nos parece que la forma correcta de ver la inteligencia artificial (IA) es como una tecnología que acerca el conocimiento, que universaliza el acceso a diferentes formas de aprendizaje, que democratiza ciertas “recetas” que eran monopolio de unos pocos y que no requiere conocimientos previos específicos para adoptarla. Vemos la IA como un potencial igualador de oportunidades. Por supuesto, cambiar las oportunidades, más que igualdad, implica nuevos ganadores y perdedores. Creemos que actualizar la educación va a ser fundamental. En Latinoamérica podemos estar entre los nuevos ganadores si escogemos pronto qué estamos dispuestos a perder para pronto ceder tiempo a las nuevas oportunidades. Creemos que, si las profesoras usan y critican la IA, son ellas mismas las que van a descubrir qué tan lejos podemos llegar.
Qué es la IA
Nos referimos a la IA como la Inteligencia Artificial Generativa y en particular a los Modelos Grandes de Lenguaje al estilo de ChatGPT.
La IA es una tecnología hermosa, que debería hacernos sentir orgullosos como especie. Unos humanos lograron que unos computadores no se despisten con grandes cantidades de información y que puedan hallar patrones en todos los lenguajes humanos (y en imágenes y audios y, en general, en lo que pueda ser capturado en datos). Estos modelos, así de simple e increíble, predicen la probabilidad de la palabra siguiente dado un contexto. Ojalá mejoren muchísimo más, pero solo con lo que ya tenemos hoy, podemos cambiar la educación.
La IA puede conectar el conocimiento humano de una forma que nadie haya intentado antes (y, de solo combinar, puede llegar a ser creativa). Como tiene información, por ejemplo, de enseñanza para niños de cinco años e información de mecánica cuántica, podemos decirle que nos explique mecánica cuántica como si tuviéramos cinco años, algo que quizás nadie había intentado. Posiblemente se equivoque, pero de pronto nos ayuda a mejorar nuestras propias ideas.
El punto con la IA es que permite automatizar tareas de una forma más flexible que los viejos algoritmos rígidos. Antes podíamos programar en un computador algo como “si A, entonces B”. Ahora podemos decirle en español algo como “si algo es más o menos como A, entonces haz algo más o menos como B”. Está sola diferencia abre un mundo de nuevas posibilidades. Y de riesgos, porque tenemos menos control, pero lograr disminuir estos riesgos en servicios útiles para la sociedad, que es en lo que muchos están trabajando, implica aún más oportunidades.
Hay que darle una oportunidad a la IA
La IA ya cambió el mundo. Sería un gran error no usarla. La IA ya existe y no está en una empresa que pueda desaparecer con su tecnología. Hay muchos modelos libres que podemos descargar en nuestros computadores (y celulares) con los que podemos hacer lo mismo que hacen las grandes empresas que crearon estas tecnologías. La IA ya no depende de esas empresas (y más que de esas empresas, la IA ya no depende de esos genios científicos). Cualquier persona con un computador ya tiene más posibilidades que antes. Quienes no usen la IA estarán en desventaja respecto del resto.
Hay tecnologías viejísimas que todavía no nos han terminado de llegar (como los trenes) porque adoptarlas tiene un costo muy alto. Por el contrario, con la IA todos tenemos las mismas nuevas oportunidades. El lazo entre IA y educación cambiará el mundo.
Usar mal la IA
Usar mal la IA es usarla como un chancuco, solo para que nos de información sin pensar de dónde viene. De nosotros depende que la IA se comporte como un mentiroso compulsivo que siempre tiene una respuesta para todo. Usar bien la IA es usarla para acelerar el aprendizaje, para dudar, para que podamos acercarnos al conocimiento de la forma que más nos convenga. Los que usen mal la IA estarán en desventaja respecto del resto.
No hay que tenerle miedo a la IA
Ya hay gente que descubrió cómo ganar dinero con la IA: generando contenido que nos asusta, que nos desinforma sobre cómo se va a revelar y nos va a desplazar y de cómo está vez sí, segurísimo, se va a acabar el mundo. Y aquí seguimos.
La IA ha generado muchísima inversión para las empresas pioneras. Estas empresas, para conservar su valoración, nos prometen cosas que asustan. Pero creemos que lo único malo que puede pasar es que estas empresas se desinflen y que menos inversión obligue a más personas a encontrar usos productivos con estas tecnologías. Como cuando la crisis del internet hizo que se aterrizaran las expectativas, pero no que desapareciera. Lo peor que podría pasar es bueno para la gran mayoría de seres humanos.
Gran parte del miedo a la IA viene de creer que nos invisibiliza, que nos quita importancia, que nos supera en creatividad (es mejor redefinir el concepto de creatividad, que no puede ser más repetir lo mismo una y otra vez, por más sofisticada que sea la receta). En realidad, la IA es una herramienta más, una super herramienta que cada persona usará de forma única. Nos puede servir para hacernos las tareas sin pensar en nada o para permitirnos pensar en lo importante y lograr un mejor trabajo del que haríamos en el mismo tiempo sin IA. Los humanos seguimos asumiendo la responsabilidad y sus consecuencias, poniendo la cara. En todo caso, después de pensarlo es obvio, pero no sobra recordar que no todo está inventado. Ser más productivos es bueno, no malo. Ser más productivos nos da tiempo para inventar un mundo mejor.
Hay que ver la IA de forma crítica
Muchas organizaciones (buenas y malas) nos están inundando con nuevas funcionalidades con IA. Creemos que los profesores deben rechazarlas. Los profesores no deberían usar las estrategias que les quieran imponer, sino las que decidan que de verdad son útiles. Deberían usar estrategias que los mantengan en el centro de control, las que les quiten trabajo administrativo y aburrido. Las que les ayuden a ser más creativos, a estar más tranquilos, a estar más tiempo con los estudiantes. Los profesores deciden (y deciden a quién les dan sus datos). Si esperamos pensamiento crítico de los estudiantes, los profesores deberían dar el primer paso.
La IA va a transformar la educación
Cada vez goza de menor prestigio la profesión docente. Cada vez las facultades de educación son más baratas que otras de las mismas universidades, cada vez la sociedad le da menos importancia a la educación. Cada vez hay más artículos que muestran que los profesores están entre los peores profesionales. Pero esos artículos no miden la vocación ni muestran que los profesores, no comparados con otros profesionales privilegiados, sino con sus pares del colegio o el barrio o el pueblo, sí son mejores. Con IA esas diferencias ya no importan. Esas críticas se vuelvan irrelevantes. La IA acerca el conocimiento y lo acerca de la forma que más le convenga a cada uno. Con vocación y con IA, el potencial de los profesores es mayor.
La IA va a transformar la evaluación
En la era de la IA la evaluación tiene que dejar de interrumpir el tiempo de aprendizaje. La evaluación debe medir más, dar diagnósticos más precisos y con implicaciones prácticas para los profesores y la reducción en el costo debe permitir que todos tengan la oportunidad de disfrutar estas ventajas. El objetivo de medir para mejorar por fin con IA puede llegar a ser cierto. La evaluación y la razón de evaluar tienen que cambiar por completo.
Todavía no hemos inventado el verdadero uso de la IA
La existencia de la tecnología no es lo mismo que su uso comercial o industrial o que sus implicaciones para el progreso. La electricidad tardó mucho tiempo en encontrar su uso productivo. Como es difícil imaginar lo que desconocemos, creemos que la IA sirve para hacer lo que los humanos ya hacemos (y que nos vamos a quedar sin trabajo). La IA tiene que servir para aumentar el bienestar, no para producir la misma riqueza sin distribuirla. Pronto, ojalá muy pronto, alguien encontrará un uso ingenioso con la IA y ojalá seamos nosotros mismos, en Latinoamérica.
La IA va a generar más trabajo que el que elimina
No vemos ninguna razón para pensar que estamos presenciando la única tecnología de la historia que no genera más empleo que el que desplaza. El buen uso de la tecnología siempre ha estado al servicio de la humanidad.
Las nuevas tecnologías siempre ponen en riesgo los trabajos menos calificados. La IA, por el contrario, puede hacer que las personas menos calificadas por culpa de la falta de oportunidades y no por la falta de voluntad se conviertan en personas super calificadas. La IA permite saltarse tecnologías anteriores y barreras vigentes.
La buena noticia para el sector educativo es que los trabajos que deben desaparecer son los más aburridos y por lo tanto uno de los más apasionantes, ser profesor, está lejos de estar en peligro. La IA nos permitirá reducir tiempo administrativo y dedicarnos a las interacciones humanas profundas.
Necesitamos que los profesores usen y critiquen la IA
Las nuevas tecnologías siempre traen miedo y rechazo. Hubo gente que se asustó y rechazó los libros porque los niños iban a confiar menos en su memoria. Estas personas posiblemente tuvieron razón, pero su falta de imaginación no les permitió darse cuenta de que era mucho más lo que íbamos a ganar. Creemos que es mejor saltarnos la etapa del miedo y el rechazo y mejor familiarizarnos con la IA. A diferencia de otras tecnologías, en Latinoamérica podemos beneficiarnos de la IA tanto como pueden beneficiarse otros países. La IA es un igualador de oportunidades.
Por estos días dicen que hay dos tipos de personas en el mundo: los que han usado más de 500 horas la IA y los que no. Solo los que la han usado suficiente tiempo pueden de verdad criticarla. Usarla es la única forma de saber para qué sirve y para qué no sirve.
Entre más critiquemos la IA, más cerca estaremos de descubrir cómo debemos educar y motivar a los estudiantes en estos tiempos. El tiempo nos dirá qué uso le damos a la nueva posibilidad de que tengamos tan fácil acceso a todo el conocimiento humano.